Miguel Camacho Martín, jefe del Departamento de Tecnología de la Agencia Pública de Puertos de Andalucía (APPA), presentará el reto «Identidad digital segura para el ecosistema portuario andaluz» en la quinta edición del Open Innovation Challenge Prize, que se celebrará durante el Foro de Innovación Suncruise del próximo 3 de noviembre en Málaga. Bajo el título «Mares de oportunidad: el eje de la innovación en el turismo marítimo», el encuentro reunirá a representantes de puertos, empresas e instituciones en la Autoridad Portuaria de Málaga. En esta entrevista, Camacho explica cómo una identidad digital verificable y reutilizable puede simplificar las gestiones, reducir el riesgo de suplantación y mejorar la experiencia de los usuarios, y reivindica el valor de las relaciones y los aprendizajes que surgen de la innovación abierta.
¿Qué necesidad concreta ha llevado a la Agencia Pública de Puertos de Andalucía a plantear el reto «Identidad digital segura para el ecosistema portuario andaluz»?
La necesidad surge de la creciente digitalización de los servicios portuarios y de la importancia de garantizar que las personas que interactúan con la Agencia son realmente quienes dicen ser.
En nuestros puertos conviven ciudadanos, empresas, profesionales y usuarios internacionales que utilizan documentos de identidad y sistemas de identificación muy diversos. Esto hace que los mecanismos tradicionales no siempre sean suficientes y que, en ocasiones, tengamos que recurrir a comprobaciones manuales o procesos poco ágiles.
Queremos avanzar hacia un modelo que nos permita verificar la identidad de los usuarios de forma segura, sencilla y eficiente, reduciendo el riesgo de fraude y suplantación de identidad y, al mismo tiempo, mejorando la experiencia de quienes utilizan nuestros servicios.
Pero no se trata únicamente de resolver una necesidad inmediata. Queremos sentar las bases de un modelo de identidad digital reutilizable que pueda acompañar a la APPA en su proceso de transformación digital y evolucionar junto con las necesidades del ecosistema portuario.
¿Qué usuarios, entidades o procesos deberían beneficiarse de esa identidad digital y qué gestiones esperan simplificar o hacer más seguras?
Los beneficiarios serían todos los actores que se relacionan digitalmente con la Agencia: ciudadanos, empresas, armadores, consignatarios, operadores logísticos, empresas auxiliares, profesionales y otros usuarios de los servicios portuarios.
La identidad digital podría facilitar gestiones como el alta de usuarios, el acceso a plataformas y servicios digitales, la solicitud de autorizaciones, la tramitación de procedimientos administrativos o la gestión de servicios vinculados a la actividad portuaria.
También podría aportar valor en las relaciones entre distintas organizaciones del ecosistema, permitiendo que una identidad previamente verificada pueda reutilizarse, con las debidas garantías, en otros procesos y servicios.
El objetivo es evitar que cada trámite tenga que comenzar desde cero, reducir la aportación repetida de documentación y conseguir que las gestiones sean más ágiles, seguras y cómodas para los usuarios.
Pero hay otro aspecto que considero fundamental: debemos concienciar a los usuarios de que las medidas de seguridad no son un obstáculo innecesario, sino una garantía que nos protege a todos. Es posible que determinados procesos requieran que los ciudadanos y profesionales adquieran nuevas competencias digitales o se adapten a formas de identificación diferentes de las que han utilizado hasta ahora. Debemos acompañarlos en ese proceso y facilitar que puedan hacerlo de forma sencilla y accesible.
Durante mucho tiempo hemos tendido a diseñar servicios pensando en una sociedad basada en la buena fe, en la que las personas utilizan los sistemas para los fines para los que fueron concebidos. Sin embargo, la realidad nos demuestra que también existen actores cuya actividad consiste en suplantar identidades, cometer fraude o incluso inutilizar sistemas que se han creado precisamente para prestar un buen servicio a la ciudadanía.
Por eso, la seguridad digital es una responsabilidad compartida. La Administración debe proporcionar sistemas robustos y confiables, y los usuarios deben comprender que determinadas medidas de verificación son necesarias para proteger su identidad, sus datos y los servicios de los que todos dependemos.
El reto está en conseguir que esa mayor seguridad no se traduzca en una peor experiencia de usuario, sino en una relación digital más confiable, accesible y sostenible para todos.
¿Qué requisitos considera imprescindibles para combinar seguridad, protección de los datos y facilidad de uso en una solución de estas características?
Consideramos que la solución debe encontrar un equilibrio entre tres aspectos fundamentales: seguridad, privacidad y facilidad de uso.
En materia de seguridad, debe ofrecer garantías sólidas de verificación documental y, cuando corresponda, de verificación biométrica y detección de vida, para reducir el riesgo de fraude y suplantación de identidad. Además, debe poder adaptarse a documentos de diferentes países y a distintos niveles de riesgo.
En cuanto a la protección de datos, es imprescindible cumplir con el RGPD y aplicar principios de privacidad desde el diseño, minimización de datos y control sobre la información personal. También valoramos que la arquitectura permita un tratamiento seguro de los datos y reduzca la dependencia de proveedores externos.
Y, por supuesto, todo esto debe ofrecerse a través de una experiencia de usuario sencilla, intuitiva y accesible, que permita completar los procesos de identificación de forma remota y sin complicaciones innecesarias.
La seguridad no debe convertirse en una barrera para el usuario, sino en una garantía que facilite su relación con la Administración.
¿Cómo debería integrarse la solución con los sistemas existentes y qué dificultades prevé al extender su uso entre los distintos agentes del ecosistema portuario?
La solución debería diseñarse desde el principio con una arquitectura modular, escalable y basada en APIs, que permita integrarla progresivamente con los sistemas corporativos y los servicios digitales de la Agencia.
Consideramos especialmente importante que la seguridad tenga un carácter transversal y modular. Es decir, que no se limite a un único proceso de identificación, sino que pueda incorporarse a diferentes servicios y procedimientos, adaptando el nivel de verificación y las medidas de seguridad a las necesidades y riesgos de cada caso.
Esto permitiría disponer de una capacidad común de identidad digital que pudiera reutilizarse en distintos ámbitos, evitando duplicidades y facilitando la evolución de los sistemas existentes sin necesidad de realizar grandes transformaciones de forma simultánea.
Entre las principales dificultades podemos destacar la diversidad de sistemas tecnológicos existentes, la variedad de perfiles de usuarios, las diferencias entre los procesos de cada organización y la necesidad de garantizar la interoperabilidad en un entorno que tiene una dimensión internacional.
Además, extender su uso requerirá generar confianza entre los distintos agentes, acordar criterios comunes de verificación y definir cómo se pueden reutilizar las identidades verificadas, respetando siempre las competencias de cada organización y la protección de los datos.
Por eso, creemos que es importante avanzar de forma progresiva, comenzando por casos de uso concretos que permitan demostrar el valor de la solución y facilitar su adopción.
El objetivo es que la identidad digital se convierta en una capacidad transversal del ecosistema portuario, que permita incorporar seguridad allí donde se necesita, de forma flexible, proporcional y sin generar barreras innecesarias para los usuarios.
¿Qué tendría que demostrar una propuesta en una prueba piloto para avanzar hacia su implantación, y cómo medirían sus resultados?
Una prueba piloto debería demostrar, en primer lugar, que la solución es capaz de verificar de forma fiable la identidad de usuarios nacionales e internacionales, incluyendo diferentes tipos de documentos, y que permite reducir el riesgo de fraude y suplantación.
También debería acreditar que el proceso es ágil para el usuario, que se integra adecuadamente con nuestros sistemas y que cumple con los requisitos de seguridad, privacidad y protección de datos.
Para medir los resultados, utilizaríamos indicadores como:
- El tiempo medio necesario para completar un proceso de identificación.
- El porcentaje de verificaciones completadas correctamente de forma automática.
- La reducción de comprobaciones manuales y de documentación solicitada repetidamente.
- La capacidad de detectar documentos fraudulentos o intentos de suplantación.
- La facilidad de uso y satisfacción de los usuarios.
- La calidad de la integración con los sistemas existentes.
- El coste y la escalabilidad de la solución.
Además de estos indicadores, nos gustaría que el piloto permitiera comprobar la viabilidad de reutilizar una identidad previamente verificada en otros procedimientos.
El objetivo no es únicamente validar una tecnología, sino comprobar que aporta una mejora real a los procesos y que puede convertirse en una solución sostenible para la Agencia.
¿Qué importancia tiene la celebración de un foro como este en Málaga para acercar a puertos, empresas y destinos, y qué resultado concreto le gustaría que dejara?
Este tipo de foros son muy importantes porque permiten conectar las necesidades reales de las administraciones y de los sectores estratégicos con el talento, la innovación y la capacidad de desarrollo de las empresas.
En el ámbito portuario, la transformación digital no puede abordarse de forma aislada. Los puertos forman parte de un ecosistema en el que intervienen múltiples actores y en el que la colaboración resulta fundamental para mejorar la eficiencia, la competitividad y la calidad de los servicios.
Un foro como este en Málaga ofrece una oportunidad para compartir experiencias, identificar retos comunes y generar nuevas alianzas entre puertos, empresas tecnológicas, destinos y otros agentes.
En nuestro caso, nos gustaría que el resultado concreto fuera establecer colaboraciones reales con equipos innovadores capaces de ayudarnos a desarrollar y evolucionar una solución de identidad digital segura e interoperable.
Pero creo que hay algo especialmente importante que destacar: el valor de este tipo de iniciativas no se limita al premio ni a la selección de una propuesta ganadora. Durante el proceso de evaluación hemos tenido la oportunidad de conocer a equipos muy interesantes, establecer relaciones y generar un acercamiento humano y tecnológico que ha sido muy enriquecedor para ambas partes.
Además, creo que todos hemos aprendido mucho durante el proceso. Las organizaciones hemos podido conocer mejor nuestras propias capacidades, identificar aquello que hacemos bien y también los aspectos que debemos mejorar para poder establecer vínculos concretos y fructíferos con otros agentes. Al mismo tiempo, los equipos participantes han podido acercarse a la realidad de nuestras organizaciones, a nuestras necesidades y a las dificultades que condicionan la implantación de soluciones tecnológicas.
Y esto tiene muchísimo valor. A menudo, los planteamientos que hacemos desde dentro de una organización, o incluso desde fuera de ella, pueden adolecer de una cierta falta de conexión con la realidad. Es precisamente la interacción con el entorno, el diálogo con otros profesionales y el contraste de perspectivas lo que nos permite enriquecer esos planteamientos, hacerlos más realistas y convertir buenas ideas en soluciones verdaderamente útiles.
Estoy convencido de que algunas de las relaciones que se han generado durante este proceso pueden dar frutos más adelante, incluso en ámbitos que van más allá del reto planteado inicialmente.
Al final, la innovación abierta también consiste en eso: generar confianza, conectar personas y organizaciones, aprender unos de otros y crear oportunidades de colaboración que puedan evolucionar con el tiempo.
El verdadero éxito sería que, más allá de la entrega de premios, este proceso dejara nuevas relaciones, aprendizajes compartidos y colaboraciones duraderas que contribuyan a transformar los servicios portuarios y a mejorar la relación con la ciudadanía y las empresas.
