José Lentisco, responsable de Andalucía 360, nos habla de lo que significa ser parte de la Guía de Experiencias Singulares de Suncruise Andalucía, una iniciativa que busca conectar el turismo de cruceros y la náutica deportiva con una forma de viajar más auténtica, sostenible y profundamente conectada con la identidad andaluza. En esta entrevista, Lentisco reflexiona sobre el papel de las DMCs como creadoras de relato, la personalización extrema y la necesidad de evolucionar hacia un modelo de turismo experiencial con impacto positivo en el territorio.

Andalucía 360 forma parte de la Guía de Experiencias Singulares de Suncruise Andalucía. ¿Qué supone para vosotros participar en una iniciativa que busca acercar el turismo de cruceros y la náutica deportiva a una forma de viajar más auténtica y conectada con la cultura andaluza?

Para Andalucía 360, formar parte de esta Guía es mucho más que una inclusión comercial; es la materialización de una alianza estratégica basada en una visión compartida del territorio. La Guía actúa como un sello de calidad y autenticidad que avala experiencias diseñadas “desde dentro”, algo que siempre ha definido nuestro trabajo.

Este proyecto nos permite elevar el discurso del turismo de cruceros, tradicionalmente asociado a visitas masivas y rápidas, hacia un modelo de turismo experiencial, respetuoso y con propósito. Nos posiciona como creadores de propuestas que responden a una demanda creciente: la del viajero que busca significado, aprendizaje y una conexión emocional genuina con los lugares que visita.

Entendemos la iniciativa de Suncruise no como un simple catálogo, sino como una plataforma de conexión profunda que se alinea plenamente con nuestro propósito: recuperar el concepto de viaje como fuente de conocimiento y experiencia emocional, lejos del turismo de masas. Para nosotros, supone además la oportunidad de acercar nuestro sello a un perfil muy concreto —el navegante y el crucerista— que, al llegar por mar, ya muestra una predisposición natural a la exploración y a una relación más consciente con el destino.

Esta colaboración nos permite, en definitiva, operacionalizar una visión compartida: demostrar que el turismo vinculado al mar puede y debe ser una puerta de entrada a la esencia del territorio, generando un impacto positivo y duradero tanto en el visitante como en las comunidades locales.

Vuestro trabajo se basa en excursiones privadas, tours culturales y experiencias gastronómicas diseñadas para conocer Andalucía “desde dentro”. ¿Qué tipo de experiencias demandan hoy los viajeros que llegan por mar y quieren profundizar en el destino más allá de lo convencional?

Hoy, el viajero que desembarca en nuestros puertos busca autenticidad narrativa y conexión emocional. Ya no le basta con ver monumentos; quiere comprender las historias que hay detrás, las tradiciones vivas y el carácter de sus gentes.

Existe una clara demanda de experiencias de inmersión cultural profunda, que van más allá de la observación, como talleres con artesanos locales, encuentros en casas-palacio o rutas que desvelan capas de historia no evidentes a primera vista.

También se aprecia una creciente sensibilidad hacia la sostenibilidad experiencial. El viajero valora propuestas que respetan el destino, fomentan el comercio local, evitan la masificación en barrios sensibles y generan un impacto social positivo.

Todo ello se combina con una exigencia clara de personalización absoluta: itinerarios adaptados a sus intereses específicos —ya sean gastronómicos, históricos, naturales o artísticos— y, especialmente, a los tiempos reales de la escala.

Sois especialistas en viajes 100 % a medida y en viajes de autor con un sello propio. ¿Cómo se construye una experiencia singular para un crucerista o turista náutico, teniendo en cuenta tiempos, expectativas y la necesidad de personalización?

La construcción de una experiencia para un crucerista o turista náutico es un ejercicio de artesanía y logística precisa que se apoya en tres pilares fundamentales.

El primero es un diagnóstico profundo: comprender los tiempos reales de escala, desde el desembarco hasta el reembarque, así como los intereses específicos del cliente y su nivel de exigencia.

El segundo es el diseño con propósito. Aplicamos nuestra metodología de “viajar con los cinco sentidos”. No diseñamos un tour, sino una secuencia narrativa que combine patrimonio, encuentros con lugareños, gastronomía de producto y momentos de asombro ante el paisaje, siempre ajustados al cronograma disponible.

El tercer pilar es la artesanía logística. Seleccionamos proveedores locales de confianza, gestionamos traslados eficientes con márgenes de seguridad y asignamos un guía especialista que actúa como anfitrión y narrador, no solo como informador. La personalización es el eje: todo, desde el vehículo hasta el menú de una cena, se adapta al viajero.

La Guía pone el foco en la identidad local, el aprendizaje y la sostenibilidad del destino. ¿Cómo integráis estos valores en vuestras experiencias y de qué manera contribuyen a generar un impacto positivo en el territorio?

Estos valores no son un añadido, sino el ADN de nuestra propuesta.

La identidad local se articula a través de la voz del habitante. Construimos nuestras experiencias con actores locales —artesanos, chefs, productores, vecinos— que comparten su conocimiento de primera mano, garantizando autenticidad y redistribuyendo el beneficio económico dentro de la comunidad.

El aprendizaje es otro pilar esencial. Recuperamos la esencia del viaje romántico del siglo XIX: viajar para conocer. Cada experiencia incorpora contexto histórico, etnográfico y cultural, transformando la visita en un auténtico viaje de descubrimiento.

En cuanto a la sostenibilidad del destino, operamos con grupos reducidos para minimizar el impacto en la vida cotidiana de los barrios, priorizamos el comercio de proximidad y mantenemos un diálogo constante con asociaciones vecinales para que nuestra actividad turística sea un vecino respetuoso y no una invasión.

A ello se suma nuestro compromiso ecológico. Realizamos donaciones a asociaciones medioambientales locales que, a través del trabajo voluntario, llevan a cabo labores de reforestación en territorio andaluz. Nuestra política actual establece una aportación por viajero equivalente a la compra de un plantón de encina, destacando siempre que el verdadero esfuerzo recae en las personas que, de forma altruista, participan en estas iniciativas.

Desde vuestra experiencia, ¿qué papel pueden jugar las DMCs y proyectos como Andalucía 360 en el posicionamiento de Andalucía como destino experiencial de referencia para el turismo vinculado al mar?

Las DMCs especializadas actuamos como auténticas arquitectas de la percepción del destino, y nuestro papel es clave en varios niveles.

Como creadoras de producto, traducimos la oferta genérica de Andalucía en experiencias tangibles, memorables y comercializables; es decir, en el producto final que el viajero náutico consume y recuerda.

Como garantes de calidad y autenticidad, somos el filtro que asegura que la promesa de “autenticidad” realizada por marcas como Suncruise se cumpla sobre el terreno, protegiendo así la reputación del destino.

Y como agentes de desarrollo territorial, canalizamos la demanda hacia experiencias sostenibles y de valor compartido, contribuyendo a la desestacionalización, la descentralización del turismo y la construcción de un modelo económico más resiliente y justo para las comunidades andaluzas.

En definitiva, proyectos como Andalucía 360 no solo muestran Andalucía; la explican, la contextualizan y la hacen sentir, posicionándola no como un lugar de paso, sino como un destino de inmersión cultural de primer orden para el turista náutico global.