La Guía de Experiencias de Suncruise sigue reuniendo propuestas turísticas que apuestan por una forma más auténtica y personalizada de descubrir Andalucía. Entre ellas se encuentra Savor Granada, el proyecto liderado por Antonia Morillas, especializado en experiencias culturales y gastronómicas diseñadas desde la filosofía del slow travel. En esta entrevista, la fundadora de la compañía reflexiona sobre la evolución del viajero actual, la importancia de las experiencias a medida y la riqueza cultural y sensorial que ofrece Granada más allá de sus grandes iconos turísticos.
Savor Granada nace con la idea de ofrecer una forma más auténtica de descubrir la ciudad. ¿Cómo ha evolucionado en los últimos años el interés de los viajeros por este tipo de experiencias más personalizadas y alejadas del turismo masivo?
En los últimos años hemos visto un cambio muy claro en la manera de viajar. Cada vez más personas buscan experiencias con identidad, con contexto y con una conexión real con el lugar que visitan. Existe un deseo de descubrir los destinos desde una mirada más pausada y personal, casi como lo hacían aquellos viajeros de principios del siglo XX que llegaban movidos por la curiosidad cultural y el placer de observar la vida local.
En Savor Granada trabajamos precisamente desde esa filosofía. No entendemos Granada como una colección de monumentos, sino como una ciudad que se descubre a través de sus pequeños rituales cotidianos: un mercado lleno de producto local, un vermut casero en una barra con historia, la conversación con un artesano o caminar por las calles del Albaicín siguiendo la luz del atardecer.
Frente al turismo masivo, el viajero actual valora cada vez más la autenticidad y la sensación de acceso privilegiado a la esencia de un lugar. Y eso requiere tiempo, sensibilidad y una profunda comprensión del destino. Nuestras experiencias nacen de algo muy sencillo: compartir Granada de la misma manera en la que yo la viviría personalmente. Creo que ahí reside también el verdadero lujo hoy; en vivir algo genuino, cuidado y profundamente humano.
Vuestras experiencias se basan en el concepto de slow travel. ¿Qué significa realmente viajar de esta forma y por qué crees que cada vez conecta más con el visitante?
Para nosotros, el slow travel significa devolverle al viaje algo que durante años se había perdido: el tiempo para sentir, observar y conectar realmente con el destino. No se trata de hacer más cosas, sino de vivirlas mejor.
En Savor Granada entendemos el viaje como una experiencia de bienestar y cuidado. Nos convertimos en anfitriones del viajero, y un buen anfitrión sabe que la hospitalidad también está en los ritmos, en los silencios, en dejar espacio para disfrutar una conversación, una sobremesa o un paseo sin prisa.
Por eso trabajamos siempre en grupos reducidos y con una clara vocación de personalización. Antes de diseñar cualquier experiencia, escuchamos mucho. Queremos entender qué inspira a cada viajero, qué le emociona, qué tipo de recuerdo desea llevarse de Granada. A partir de ahí construimos una experiencia coherente, con un hilo conductor y una narrativa propia.
Hay viajeros que llegan atraídos por la gastronomía, otros por el patrimonio, el paisaje o la dimensión más artística de la ciudad. Algunas familias buscan compartir tiempo de calidad; otras personas desean descubrir una Granada más íntima y silenciosa. Nuestro trabajo consiste en interpretar esa sensibilidad y transformarla en una vivencia auténtica y cuidadosamente diseñada.
Creo que este tipo de viaje conecta cada vez más porque vivimos en una época de saturación y velocidad constante. Frente a eso, el verdadero lujo hoy es poder vivir un destino con calma, profundidad y sentido.
Granada es un destino con una enorme riqueza cultural y patrimonial. ¿Cómo se consigue ir más allá de los grandes iconos turísticos para mostrar esa “Granada real” que proponéis?
Granada tiene un gran icono universal, que es La Alhambra, pero precisamente una parte muy importante de nuestro trabajo consiste en mostrar todo lo que existe más allá de ella. Porque alrededor de ese monumento extraordinario hay una ciudad renacentista y barroca fascinante, llena de capas históricas, vida local y una enorme riqueza cultural que muchas veces el viajero descubre por sorpresa.
En Savor Granada entendemos que descubrir la “Granada real” implica también ampliar la mirada hacia toda la provincia y hacia territorios menos conocidos, pero profundamente auténticos. Nos interesa crear propuestas que conecten al viajero con paisajes, tradiciones y formas de vida que forman parte de la identidad de Granada.
A menos de una hora de la ciudad encontramos una diversidad extraordinaria: el Geoparque de Granada, con paisajes casi cinematográficos; la zona de Guadix, donde se conserva uno de los mayores hábitats trogloditas de Europa con casas cueva todavía habitadas; Sierra Nevada, con cumbres que superan los 3.000 metros; la Alpujarra y sus pequeños pueblos de herencia andalusí; o la Costa Tropical, con un microclima único en Europa.
Todo ello permite diseñar experiencias mucho más completas, donde patrimonio, gastronomía, naturaleza y vida local dialogan entre sí de una manera muy natural. Creo que ahí reside también la verdadera singularidad de Granada: en la posibilidad de vivir territorios completamente distintos en distancias muy cortas, siempre desde una mirada pausada, cultural y profundamente conectada con el lugar.
Trabajáis con grupos muy reducidos y experiencias a medida. ¿Qué impacto tiene este formato en la calidad de la experiencia y en la conexión del viajero con el destino?
Trabajar en grupos reducidos transforma completamente la manera en la que el viajero se relaciona con el destino. Permite crear experiencias mucho más humanas, sensibles y cuidadas, donde cada detalle puede adaptarse al ritmo y a los intereses reales de las personas que participan.
En Savor Granada aplicamos este formato tanto en viajes privados como en el ámbito MICE, colaborando con empresas que buscan ofrecer a sus equipos experiencias fuera del entorno habitual de trabajo, con un enfoque más inspirador, cultural y relacional. Cuando los grupos son pequeños, la ciudad deja de ser un escenario y se convierte en un espacio de encuentro.
A menudo digo que existe una gran diferencia entre la producción artesanal y la producción en cadena. Nosotros trabajamos desde esa mirada artesanal. Cada experiencia tiene una intención, una atmósfera y una narrativa propia. Esto permite que las emociones estén presentes de forma natural: la conversación surge con más facilidad, el viajero observa más, escucha más y conecta de una manera mucho más profunda con la identidad del lugar.
Y esa conexión emocional es precisamente lo que permanece en el tiempo. No hablamos solo de visitar Granada, sino de construir un recuerdo íntimo y significativo de la ciudad. Cuando eso ocurre, el viajero se convierte también en el mejor embajador del destino, porque comparte una vivencia auténtica que siente verdaderamente suya.
Muchos visitantes llegan a Andalucía a través de los puertos y disponen de un tiempo limitado. ¿Cómo se puede trasladar esa filosofía de experiencia auténtica a visitas más cortas sin perder su esencia?
Precisamente ahí es donde el diseño cuidadoso de la experiencia cobra más importancia. El hecho de que un viajero disponga de menos tiempo no significa que deba vivir una experiencia superficial. Al contrario: cuando el tiempo es limitado, cada elección debe tener más sentido.
En Savor Granada trabajamos desde la idea de la hospitalidad entendida de una forma muy personal. Nos convertimos en anfitriones del viajero desde el primer momento, especialmente en el caso de quienes llegan a Andalucía a través de puertos y escalas más breves. Nuestro trabajo consiste en interpretar muy bien quiénes son, qué les interesa y cómo podemos ofrecerles una conexión auténtica con Granada dentro del tiempo del que disponen.
El pequeño formato hace esto posible. Nos permite diseñar recorridos completamente a medida, donde el viajero no tiene que preocuparse por la logística ni por optimizar tiempos; simplemente se deja llevar. Nosotros nos ocupamos de crear una experiencia fluida, elegante y coherente.
A veces eso significa descubrir el Albaicín a través de sus miradores y pequeñas teterías; otras, recorrer mercados locales y terminar compartiendo una mesa en un restaurante con identidad propia. Lo importante no es la cantidad de lugares visitados, sino la calidad de la experiencia y la sensación de haber accedido a una Granada real y cuidadosamente interpretada.
Creo que incluso en unas pocas horas se puede generar una conexión emocional con un destino, siempre que la experiencia esté diseñada con sensibilidad, conocimiento y atención al detalle.
La gastronomía, la historia y la vida local forman parte central de vuestra propuesta. ¿Qué papel juegan estos elementos a la hora de crear recuerdos realmente memorables en el visitante?
Para nosotros, los recuerdos más memorables nacen cuando un destino se vive a través de los sentidos y de las emociones. Y Granada tiene una capacidad extraordinaria para eso, porque es una ciudad donde gastronomía, patrimonio, paisaje, historia y vida cotidiana conviven de una manera muy natural y profundamente estética.
En Savor Granada diseñamos experiencias inmersivas precisamente desde esa idea. No entendemos la cultura y la gastronomía como elementos separados, sino como parte de una misma narrativa. Una visita a la Catedral puede continuar con una cata de vinos granadinos; un paseo por el Albaicín puede terminar en una pequeña mesa compartida descubriendo recetas vinculadas a la tradición andalusí. Todo tiene una continuidad y un sentido.
Cuando activas los cinco sentidos, el viaje deja de ser únicamente visual. El visitante recuerda la luz sobre la piedra al atardecer, el aroma de las especias, el sonido de una plaza al caer la tarde, la textura de un vino local o una conversación inesperada en un mercado. Ahí es donde aparece la verdadera conexión emocional con el destino.
Además, la gastronomía tiene una enorme capacidad para contar historias. Habla del paisaje, de la memoria colectiva, de las estaciones, de las tradiciones familiares y de la identidad local. Por eso ocupa un lugar tan importante dentro de nuestras experiencias: porque permite comprender Granada de una manera íntima, cercana y profundamente humana.
Al final, lo que permanece en la memoria no es únicamente lo que se visita, sino cómo te hizo sentir ese lugar.
Para terminar, ¿qué importancia tienen iniciativas como la Guía de Experiencias Suncruise a la hora de dar visibilidad a propuestas más auténticas y de calidad dentro del destino?
Creo que iniciativas como la Guía de Experiencias de Suncruise tienen un papel muy importante en la evolución del turismo hacia modelos más conscientes, cualitativos y alineados con las nuevas expectativas del viajero internacional.
Durante mucho tiempo, gran parte de la promoción turística estuvo centrada en mostrar destinos desde una perspectiva muy general. Sin embargo, el viajero actual busca propuestas con identidad, criterio y autenticidad. En ese contexto, resulta especialmente valioso que plataformas como Suncruise apuesten por dar visibilidad a experiencias cuidadosamente diseñadas, conectadas con la cultura local y con una forma más humana de viajar.
Además, considero muy relevante el trabajo que están realizando para posicionar Andalucía no solo como un destino de gran riqueza patrimonial y paisajística, sino también como un territorio capaz de ofrecer experiencias exclusivas, sostenibles y culturalmente sofisticadas. Esa mirada ayuda a atraer un perfil de viajero que valora la calidad, el detalle y la conexión real con el lugar que visita.
Para proyectos como Savor Granada, formar parte de este tipo de iniciativas también supone una oportunidad para compartir otra manera de descubrir el destino: más pausada, más auténtica y mucho más vinculada a las personas, la gastronomía y la identidad local.
En definitiva, creo que acciones como esta contribuyen a construir una imagen de Andalucía mucho más contemporánea, refinada y coherente con el turismo de calidad hacia el que se dirige el sector.
